Periodo 1920- 1939
La década de los años veinte se mantiene
en las coordenadas fijadas en las precedentes.
1923 fue un mal año para las fiestas del Entroido,
según informaba el día 2 de febrero "Nuevo
Támega", "El Sr. Alcalde a dado órdenes
a sus agentes para que prohiban terminantemente los tiznes y harinas
los días de Carnaval, multando o deteniendo a los que infrinjan
sus órdenes"
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Esto, que suponía una verdadera liquidación
por la vía legal del Carnaval en la calle, de las populares
"fareladas" de largo alcance histórico en la fiesta
local, no tuvo mas que una muy relativa repercusión popular.
Un anónimo "Flor Fariñas", que en "El
Eco de Monterrei", informa de los festejos, alude explicitamente
a esa Ordenanza, con una larga parrafada, que muchos verineses suscribirían
en esencia de medio siglo despues: "Hablar
del Carnaval de Verín y no hablar de la harina que desde tiempo
inmemorial domina en él saliendo tan alba, tan pura y tan de
primera como vino de la fábrica. La harina que nos visita a
diario para alimentaar nuestros hogares, nos visita también
para alimentarlas fiestas carnavalescas, ha llegado tarde por miedo
a Romanones, pero enterada de que era cojo y de que el martes por
la tarde se le había agudizado el padecimiento, se decidió
a dar una vuelta por el pueblo ya entrada la tarde. Entró en
todas las casas en las que encontro la puerta franca, siendo recibida
en todas ellas con grandes aplausos por la simpatía con que
cuenta tan singular señora"
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Continúa diciendo Flor Fariñas: "Contribuyó
en gran medida a tan entusiasta recibimiento la creencia de que este
año no nos visitaría, debido a la guerra que le hace
el insulso confetti, que al sernos enviado desde Madrid, nos trae
todas las inmundicias de las calles de la corte, y la inaccesible
serpentina que por ser tan larga... de preciso quedó corta
en el consumo. Demos un adiós de conmiseración y de
lástima al confetti y a la serpentina, condenados a pasar un
año entero en las tinieblas de los almacenes comerciales y
demos un viva a la harina, porque no puede morir lo que constituye
el pan nuestro de cada día"
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La prohibición de la alcaldía
también afectaba a los "Cigarróns", máscara
que anunciaba, con el comienzo del año la llegada del Entroido.
El alcalde prohibía en este año de 1923, la circulación
de "Cigarróns", "..que no lleven autorización
escrita suya; estando dispuesto a suspender a los agentes que los
consientan, sin dicho requisito, impidiendo, aún en este caso,
que suenen los cencerros al pasar por delante de las iglesias de la
villa". Si esa parte de la censura se llevó o no a rajatabla,
nada nos dicen los cronistas de la época. Lo que se deduce
de la información que tenemos es que la Ordenanza debió
quedar sobre el papel o no se ejecutó taxativamente, pues no
suscitó polémica posterior, ni en la reuniones corporativas,
ni en los semanarios locales. Ese año las sociedades "La
Tertulia", "La Peña" y "Casino de Verín"
se celebraron bailes muy concurridos y el Entroido de la calle siguió
decayendo ante la carencia de máscaras originales y comparsas
organizadas. "La Indianola", comparsa que se preparaba para
correr el Entroido, no pudo salir a la calle al encontrarse enfermos
varias de sus fundamentales voces, con lo que se esfumó la
única oportunidad de animar las calles de aquel año.
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Como si el Entroido presintiese los negros años
que se avecinaban, el de 1935 fué de "gran esplendor",
según "El Támega".
Ya en el San Antón, y pese a caer tarde el Carnaval, (algo
que afectaba de una manera muy distinta a la actual), se celebró
un baile de máscaras en el Bar Aurora, animada por la orquesta
del Café la Bilbaina de Ourense. Fue, según "Monterrey"
el despertar de unos festejos que serían de los más
brillantes de la primera mitad del siglo. El tiempo excelente que
hubo al comienzo de la gran fiesta, contribuyó poderosamente
a que Domingo, Lunes y Martes las "fareladas" y el desfilar
de las máscaras fuesen constantes. "Los Zingaros"
y "Los Holandeses", salieron el Domingo y el Martes, contribuyeron
con las piezas de su repertorio, sus vistosas carrozas y su buen hacer
a la animación de las calles y plazas. Domingo y Martes se
celebran ese año bailes en el Bar Aurora y La Peña,
con asaltos el Lunes, día en el que se celebró en el
Casino de Verín -lugar donde ya comenzaran los asaltos el Jueves
de Comadres- el tradicional baile de esa sociedad, con cena americana
de por medio.
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Filosofaba publicamente uno de los cronistas locales
de la época diciendo "la alegría ruidosa de las
multitudes suele ser la máscara de los dolores intimos del
pueblo", parafraseando a algún intelectual contemporáneo
suyo. A partir de 1936, no por carecer el pueblo de dolores intimos
pudo expresarse con ruidosa alegría. El Carnaval del año
en el que se desencadenó la Guerra Civil, ya estuviera muy
deslucido: Bailes en Cafés, Bares y Casinos, un par de comparsas
que salieron a la calle no llegaron a hacerles olvidar al vecindario
las tensiones que se estaban incubando y que pocos meses más
tarde desembocarían en el fatal desenlace belicista. El Carnaval
tuvo que esperar a que la Guerra Civil finalizase para ir, poco a
poco, recuperando locales donde celebrarse.
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