Periodo 1960 - 1979
De diversos puntos de la Provincia y de las ciudades
más próximas de Portugal, llegaban aquellos que querían
disfrutar la carnavalada y que en sus lugares de origen solo tendrían
como máximo pobres sucedáneos de una fiesta que aquí
se vivía interesante. Tanto la Plaza de la Estrella como las
salas de baile, vivieron los años del primer quinquenio de
esta década esplendorosos carnavales
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Charangas en la Estrella, la Orquesta Monterrey en
el Buenos Aires, y orquestas y grupos provinientes de la capital de
la Provincia, de otras ciudades gallegas y asturianas, e incluso de
Gibraltar, en el Casino o en el Bar Aurora, podrían ritmo y
color a unos festejos en los que el personal bailaba literalmente
"hasta cair de cú". Las "fareladas" en
las calles y en las casas, que eran asaltadas por los balcones con
o sin complicidad de la madre de turno tras las suculentas comidas
del Entroido; el baile en la Estrella de cuatro-cinco a siete-ocho
y luego los bailes en locales cerrados hasta no se sabe que hora de
la mañana, le daban al Entroido en Verín una vitalidad
que era la envidia por los nostálgicos de otros lugares de
la provincia.
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"El Domingo gozamos la satisfacción de
contar con ingente cantidad de visitantes y el Martes (día
grande de la fiestas) no sólo repitieron la visita, sinó
que arrastraron tal cantidad de nuevos huéspedes que se hacía
poco menos que imposible la circulación por las calles principales
de la localidad"... "si los festejos callejeros se coronaron
con gran éxito, los celebrados en local cerrado superaron en
mucho los de años anteriores: era materialment imposible el
acceso a los mismos". Pero las vacas gordas
no iban a durar siempre... El próximo año otro gallo
le cantaría al Entroido en Verín. Coincidiendo con el
"Corredoiro" se elegía en el Bar Aurora Miss Verín
1965, un acontecimiento que por aquellos años tenía
un valor social bien distinto a los de hoy en día. Tras el
reinado de Marisol Cabido, Miss Ourense 1963, y Mari Chelo Taboada,
le entregaron el cetro y corona a Marujita Penelas y allí estaban
dos "Peliqueiros" de Laza para celebrarlo. Todo presagiaba
un buen Entroido.
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En la mañana del Domingo
Gordo, Paulo VI, se dirigía a quince mil fieles congregados
delante del Vaticano, afirmando que las diversiones del Carnaval deben
ser moderadas, sanas e inteligentes. En Verín por lo
que parece pasaron "sin pena ni gloria". La escasa mascarada
que salio a las calles no se distinguió por la originalidad
ni por el ingenio, y no solo fue la mascara en detrimento, también
las "fareladas" y "tiznes" decalleron aquel año.
La Estrella dijo " el adiós definitivo al festival"...
pero por suerte para Verín se quedaría en un hasta luego
de dos años de espera. Las salas estuvieron ese año
especialmente concurridas el martes. Un niño, Mario Cid, fue
premiado por la "perfecta imitación del popular mendigo
Agapito".
Cualquiera diría que el cronista tenia olfato
como futurólogo, porque al año siguiente no hubo ¡Vive
Diós! baile en la Estrella, ni fareladas por esa zona, ni casi
en ningún punto. Verín recordaba Venecia, no por los
famosos carnavales de la ciudad de los Dux, sino por tener convertidas
las calles en canales en las que casi se podía circular en
góndola. El Támega hacía por última vez
buena, parte de la profecía de San Francisco Blanco, el martir
del Tameiron, que cuando predico por estas tierras dijo a propósito
del rio y de Verin:"Oveja este lobo te comera". Verín
no desapareció con la riada, pero el Entroido de aquel año
paso a mejor vida, y parte de las existencias etílicas y alimentícias
del Araujo y de otras tiendas y bares en casi todas las calles de
Verín se estropearon.
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Quizás por la imposibilidad de hacer
el Entroido el año anterior, el de setenta y siete fue recordado
como el de los mas llamativos de la década. Por primera vez Verín
era recorrido por una gran caravana de la que formaban parte los que
pretendían ser los animadores activos de la fiesta. Decenas de
Cigarróns, "The Manitos Bacavois"- grupo que se haría
famoso por persistir en el Entroido local a lo largo de la década
de los setenta bajo diversos nombres, como "Kaskallokán",
"The Destripaterróns", etc...- una unidad movil de
T.V. "made in Verín", varias carrozas y comparsas y
alrededor de un ciento de personas en "ropa de trabajo", formaron
a comitiva. La plaza Mayor, el nuevo escenario de la fiesta, se llenó
de gente los tres días y los niños protagonizaban un gran
baile de disfraces el Lunes, el primero celebrado exclusivamente para
ellos en un lugar público. No se oyeron casi petardos aquel año;
la fiesta se pagó por suscripción popular cubriendo los
organizadores rápidamente lo presupuestado y la alcaldía
felicitó a la Comisión y participantes pr la elegancia
y el civismo.
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Los setenta estuvieron marcados por una larga
transición de la Dictadura al estado de derecho, monárquico
y parlamentario en el que actualmente vivimos. Los cambios, por los
que se ve ahora, con la perspectiva de una década, no fueron
encajados convenientemente por nuestro Entroido, que iba adoleciendo
a medida que no acogiamos a las nuevas libertades y nuevos hábitos
laborales y de consumo. No hubo capacidad de reaccion a los nuevos tiempos;
o, mejor dicho, se tardo en reaccionar. Nuevas formas de encauzar el
ocio y la diversión, nuevos esquemas mentales y otras novedades,
avanzaban imparables.
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El Entroido, los grupos de amigos que eran
la vanguardia mas activa de la fiesta, no encontraban la fórmula
mágica que les permitiese adaptar lo que siempre se hizo ante
las nuevas situaciones. En el setenta y nueve, un grupo local ye-ye
"Los Tigres", se presentaron en uno de los bailes privados
que se celebraban entonces en Verín. Era un aviso de que los
tiempos estaban cambiando, muy pocos se dieron cuenta. El Entroido quedaba
encasillado en el pasado y solo algunos incondicionales mantuvieron
en heróica actitud la bandera de un Momo popular. "A Quinta
do Garrafón", por la peculiar caja de caudales que utilizaban
para ir guardando el dinero que aportaba el pueblo, logró mantener
el Entroido de la plaza y de la calle en su mayor parte de la década.
Su voluntad le debe el Entroido, que Verín no se quedase ningún
año sin celebrar festejos populares. Mucha harina, talco, yeso
y petardos se tiraron en esos años. Si aún hoy en Verín
se despierta el Miercoles de Ceniza tapizado de un blanco angelical,
pero nunca como en los años setenta donde se usó y abusó
tanto de la "farelada".
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Los "fareleiros" de bolsa se motorizan
y camiones de "aprendices de escayolistas" deshicieron bailes
y reuniones públicas. Luego la gente se dio cuenta de que los
excesos también se pagan, y que era mejor adoptar actitudes menos
extremas para salvar la Plaza como escenario para la creatividad de
la máscara y circuito de carreras para los "fareleiros"
del pedestrismo.
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Del clima del primer quinquenio de los setenta, en
el que los Carnavales aún se disfrazaban para algunos con el
nombre de "Fiestas de la Primera", y lo que suponía
para algunas personas, es muy didáctico un árticulo
datado en 1974, por el corresponsal de "La Región".
En nombre de las personas sensatas, hace la articulista, una llamada
a las personas que corren el Entroido: "cuidado con los petardos,
que han roto muchas medias y prendas de ropa"; "el yeso,
la harina y el talco no gustan a todo el mundo... respeten el hábito
de las monjas y el traje impecable de quien no tenga ganas de juerga
ni va preparando para ella"; "el hecho de ser Carnaval no
da derecho a escenas inmorales en las calles", y "muchos
señores casados y algunas señoras también, creen
que durante estos días hay privilegio especial para poner los
cuernos al conyuge correspondiente no existe tal privilegio".
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Los setenta sirvieron para ayudar a recuperar
el Cigarrón, máscara que hasta 1936 y desde 1949 siempre
participó de la fiesta de los últimos años de esta
década y la eclosión de Cigarróns pequeños
y mozos que son la pervivencia en el futuro de esta máscara.
También en los últimos años se formaron grupos
como "Os Virias"; lo que en los '80 se denominarían
"Murga do Grelo" y otros imnominados, que tendrían
importante participación en esos festejos y en los del primer
quinquenio de los '80.
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Los petardos molotov también pasarán
a la historia del Entroido. En el '68 viendo el cariz que estaba tomando
en los últimos años los acontecimientos pirotécnicos,
la comisión tiene que pedir a muchos bares que no cierren las
puertas en estos días y a los petarderos que respeten personas
y bienes. Con el fin de la década el Entroido se va entonando
de nuevo y ganando muchos enteros en creatividad. Las bases para un
futuro de mayor gloria estaban echadas.
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